Historias para pensar...

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Terminatrix
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Historias para pensar...

#1 Mensaje por Terminatrix »

«Verás maltratados los inocentes, perdonados los culpados, menospreciados los buenos, honrados y sublimados los malos; verás los pobres y humildes abatidos y poder más en todos los negocios el favor que la virtud». Fray Luís de Granada

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LLENADEFE
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Re: Historias para pensar...

#2 Mensaje por LLENADEFE »

De verdad, que bien traido a la situación que estamos viviendo,¡¡¡¡ Me encanta!!!!

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Terminatrix
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Re: Historias para pensar...

#3 Mensaje por Terminatrix »

Hoy va de batracios.

“La rana que no sabía que estaba siendo hervida”de Olivier Clerc

“Érase una vez una rana que saltó un día a una olla de agua hirviendo. Al instante pegó un salto para salir y escapar de ella. Su instinto fue salvarse y no aguantó ni un segundo en la olla.
Otro día, esa misma olla estaba llena de agua fría. La rana saltó dentro y nadó tranquila por el agua fresca de la olla, feliz en esa charca improvisada.
Lo que la rana ignoraba, es que el agua se iba calentando poco a poco. Así que al poco tiempo, el agua fría se transformó en agua templada. Pero la rana se fue acostumbrando y allí seguía, nadando plácidamente. Sin embargo, poco a poco, de forma gradual, el agua subió de temperatura. Tanto, que llegó a estar tan caliente que la rana murió abrasada en la olla, sin que apenas se diera cuenta de que acabó siendo una rana hervida.”


La fábula se basa en una ley física real que viene a decir que si se introduce una rana en un olla y la velocidad de calentamiento del agua es menor a 0,02ºC minuto, la rana se quedará quieta y morirá al final de la cocción. Esto se produce porque la rana ajusta con el agua su temperatura corporal de manera gradual. Si la temperatura subiera a una mayor velocidad, la rana saltaría y escaparía. Cuando el agua esté llegando a su punto de ebullición, la rana ya no podrá ajustar más su temperatura e intentará saltar, pero ya no podrá hacerlo, pues ha malgastado su fuerza en ajustar su temperatura, y morirá.

Imaginen una cazuela llena de agua, en cuyo interior nada tranquilamente una rana. Se está calentando la cazuela a fuego lento. Al cabo de un rato el agua está tibia. A la rana esto le parece agradable y sigue nadando. La temperatura empieza a subir. Ahora el agua está caliente, un poco más de lo que suele gustarle a la rana. Pero no se inquieta. El calor le causa fatiga y somnolencia.
Ahora el agua está caliente de verdad y a la rana empieza a resultarle desagradable. Lo malo es que se encuentra sin fuerzas, así que se limita a aguantar y no hace nada más. Así la temperatura sigue subiendo, nunca de manera acelerada, hasta que la rana acaba hervida y muere sin haber realizado ningún esfuerzo para salir de la cazuela.
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Re: Historias para pensar...

#4 Mensaje por Terminatrix »

Fábula del escorpión y la rana (Esopo)

Había una vez una rana sentada en la orilla de un río, cuando se le acercó un escorpión que le dijo:

—Amiga rana, ¿puedes ayudarme a cruzar el río? Puedes llevarme a tu espalda…

—¿Que te lleve a mi espalda? —contestó la rana—. ¡Ni pensarlo! ¡Te conozco! Si te llevo a mi espalda, sacarás tu aguijón, me picarás y me matarás. Lo siento, pero no puede ser.

—No seas tonta —le respondió entonces el escorpión—. ¿No ves que si te pincho con mi aguijón te hundirás en el agua y que yo, como no sé nadar, también me ahogaré?

Y la rana, después de pensárselo mucho se dijo a sí misma:

—Si este escorpión me pica a la mitad del río, nos ahogamos los dos. No creo que sea tan tonto como para hacerlo.

Y entonces, la rana se dirigió al escorpión y le dijo:

—Mira, escorpión. Lo he estado pensando y te voy a ayudar a cruzar el río.

El escorpión se colocó sobre la resbaladiza espalda de la rana y empezaron juntos a cruzar el río.

Cuando habían llegado a la mitad del trayecto, en una zona del río donde había remolinos, el escorpión picó con su aguijón a la rana. De repente la rana sintió un fuerte picotazo y cómo el veneno mortal se extendía por su cuerpo. Y mientras se ahogaba, y veía cómo también con ella se ahogaba el escorpión, pudo sacar las últimas fuerzas que le quedaban para decirle:

—No entiendo nada… ¿Por qué lo has hecho? Tú también vas a morir.

Y entonces, el escorpión la miró y le respondió:

—Lo siento ranita. No he podido evitarlo. No puedo dejar de ser quien soy, ni actuar en contra de mi naturaleza, de mi costumbre y de otra forma distinta a como he aprendido a comportarme.

Y poco después de decir esto, desaparecieron los dos, el escorpión y la rana, debajo de las aguas del río.
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